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Historia erótica: La Obsesión Pública

Marie, una mujer muy traviesa de 27 años con el cabello corto y la pecho generoso, estaba preparándose para un encuentro con un hombre que había conocido en el parque. Este hombre, llamado Paul, no era como los demás: estaba obsesionado por ella, sus fantasmas más salaces y su cuerpo provocativo. Se encontraban frente a la entrada del cine local, donde habían quedado. Paul, excitado y determinado, ya tenía en mente las escenas que quería ponerse en escena. La miraba de arriba abajo, sus ojos ardientes con una pasión mal contenida. "Sabes, Marie," comenzó con una voz ronca, "no puedo resistirme a ti. Quiero tocarte por todas partes." Le puso suavemente su mano en la cintura y la acarició, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba bajo sus dedos. Marie, a pesar del incómodo inicial, empezaba a acostumbrarse. Estaba excitada por el deseo loco que Paul emanaba. Entraron en el cine, los ojos aún fijos uno en el otro, las manos tocándose con frecuencia sin darse cuenta. Durante la película, se acercaban cada vez más. Marie sentía la sudor correrle por la espalda, no podía resistirse a su propia fascinación. Paul deslizó suavemente su dedo bajo el borde de su vestido, provocando una onda de placer por todo su cuerpo. "Quiero que me hagas un cunnilingus," murmuró contra sus labios. Marie, sin dudar, se arrodilló frente a él y comenzó a lamer suavemente sus labios, disfrutando del sabor salado de su deseo. La película terminó rápidamente para ellos. Salieron del cine, aún tocándose y acariciándose, sus cuerpos ardientes de deseo. Marie estaba en cuatro patas sobre la cama de hotel que habían elegido, mientras que Paul la miraba con una sonrisa sádica. Comenzó a titilar su clítoris con su lengua, sintiendo los espasmos que recorrían su cuerpo. No podía evitar apretar sus pezones y morderlos suavemente, luchando por contener el placer que sentía. "Quiero que me suces la polla," rugió. Marie, ahora en cuatro patas sobre la cama, miró su rostro con una mezcla de excitación y miedo. Abrió su boca y comenzó a lamer el pene de Paul, sintiendo los fluidos presemis correr entre sus labios. Era tan grande, tan duro... Marie no podía resistirse, se puso a lamer vigorosamente, soltando gemidos pasionales. Sus cuerpos ahora vibraban, sus líquidos mezclados creando una sensación increíble. Paul tomó entonces su posición preferida y comenzó a penetrar a Marie con fuerza, ella empezó a gemir aún más fuerte, sus piernas temblorosas. La belleza de su escena, tan pública y tan sucia, era inexprimible. Estaban realizando sus fantasmas más salaces, fusionándose en uno. Su historia de sexo terminó en un orgasmo intenso, Marie, después de haberse excitado a cuatro patas sobre la cama, miraba a Paul con ojos perdidos de placer y adoración. Había realizado su fantasía, y había regresado a casa, excitada y satisfecha. El día siguiente, se encontraron en el parque donde se habían conocido, siempre los mismos, obsesionados uno por el otro, listos para vivir sus fantasmas más salaces una vez más.

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