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Historia erótica: El Inconocente y Su Deseo Cruel

La primera vez que se encontró con Élise, parecía una simple paseo por el parque. Era un tarde caluroso y el sol ardía las cabezas de los transeúntes. Ella llevaba un vestido ligeramente ajustado que resaltaba su pecho generoso. Mientras caminaban uno al lado del otro, Élise sintió que su corazón latía más fuerte de lo normal. Cuando tomaron la dirección del café cerca de la entrada del parque, supo que algo iba a pasar. No sabía qué exactamente, pero estaba lista para todo para vivir ese momento. El chico, un desconocido con cabello negro y ojos penetrantes, lanzó una mirada sugerente a Élise antes de llevarlos a una mesa interior aislada. Tomaron el café en silencio, uno mirando al otro con ojos ardientes. Élise sintió que su sexo se tensaba y sus manos temblaban ligeramente sobre la mesa. El chico se acercó a su silla y le susurró en el oído: "Eres una mujer muy traviesa, ¿verdad?" Desabrochó su vestido de un solo pieza, revelando sus bonitas nalgas perfectamente redondas. Élise no podía resistirse al deseo de mirarlas. Puso su vaso sobre la mesa y se inclinó para lampear el interior de su cuello. El chico tomó su mano, llevándola a acariciar su miembro duro. Le susurró: "Quiero que me lames las manos, sucia perra." Élise no dudó un segundo. Raspó la servilleta de mesa y se inclinó sobre el chico para lampear su glande hasta que éjaculó en su boca. El sabor del semen era intenso, pero no podía dejar de lamerlo. Una vez satisfactorio, tomó a Élise por la mano y la llevó hacia una pequeña habitación detrás del café. Cerró la puerta detrás de ellos y la empujó contra el muro para penetrarla sin preliminares. Ella no resistió, abrazándolo con pasión. El chico se detuvo un momento, mirando a Élise de arriba abajo. Dijo: "Eres una sucia perra tan traviesa. Necesito verte en cuatro patas sobre la cama para darme aún más placer." Élise no dudó. Se despojó rápidamente y se inclinó al suelo, colocando sus nalgas en el aire. El chico la penetró nuevamente con fuerza, empujándola hasta que gimoteó de placer. Tomó su rostro entre sus manos y le susurró: "Eres tan hermosa, sucia perra. Quiero hacerte gozar una y otra vez." Comenzó a titilar su clítoris mientras su polla entraba en la suya. Élise mordióse los labios para no gritar demasiado fuerte. Sabía que iba a vaciarse de placer, pero no tenía ganas de soltarse. El chico la penetró aún más fuertemente, haciendo movimientos rápidos y bruscos que la hacían perder el equilibrio. Terminó por éjacularse una vez más en su vientre, luego se alejó para ver a Élise lampear sus manos, todavía en estado de euforia. Tenía ansias de vivir más fantasmas así.

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